Valenzuela promete ser un “obispo con olor a oveja” en la Villa Serrana

Monseñor Ricardo Jorge Valenzuela Ríos tomó posesión ayer como nuevo obispo de la capital espiritual del Paraguay, en el marco de una celebración litúrgica ante la presencia de miles de devotos católicos que colmaron la explanada de la Basílica de Caacupé. Fiel a su estilo, extendió un saludo especial a los fieles de su anterior diócesis, Villarrica del Espíritu Santo, a quienes –dijo– les dejó con el “corazón partido” por su ida a la Villa Serrana. En efecto, decenas de feligreses de dicha jurisdicción presenciaron en primera fila el debut de Valenzuela en la casa de la Virgen de los Milagros.

En su homilía adelantó el rasgo esencial de su ministerio episcopal. Y centró su prédica en el poder aromático de la evangelización. Su “perfume de apóstol”, refirió, será el que promueve el papa Francisco: se propone ser un “obispo con olor a oveja” con el objetivo de “rescatar a las ovejas perdidas” que de a poco abandonaron la profesión de la fe y atraer a los que están “alejados de Dios”.

“Deseo compartir con ustedes las esencias y los olores que me gustaría ofrecer y percibir en mi paso pastoral en esta bendita tierra cordillerana. En primer lugar, el olor que quiero transmitirle a ustedes es el olor de la unidad”, despuntó como eje de su prédica en el mayor púlpito nacional.

Se propone “animar” la vida de la diócesis con un “fuerte impulso evangelizador”, volcando todas sus fuerzas al servicio de la palabra. “Cuidaremos la iniciación cristiana con un itinerario espiritual que fortalezca el encuentro personal de Jesucristo; oriente la vida de los niños, jóvenes y adultos hacia una sólida y generosa vocación y haga cristianos capaces de dar razones de su fe y de su esperanza”, apuntó.

Descarriados. Para el religioso, un obispo debe ser un experto “rastreador de terrenos” para ir a “buscar a la oveja perdida”. Y, de acuerdo a Valenzuela, “hay muchos ámbitos culturales y sociales que se nutren para hacer su vida alejada de Dios, de su bautismo y de su vida cristiana”.

“Buscarles a ellos y a los que nunca estuvieron con nosotros ha de ser mi preocupación permanente. Les pido compartir conmigo este olfato misionero; vamos a traerlos a la casa de Dios, donde nunca se hubieran alejado”, manifestó.

En lo social se refirió al “desarrollo vital de los jóvenes”, “el respeto a la dignidad de las personas, incluidas a las no nacidas” en alusión al aborto, contrario a las ideas de la Iglesia.

El mensaje más político que emitió, dentro de lo que fue su prédica cargada de alegorías, la unidad estuvo presente. “Los cristianos debemos llevar el buen olor de la unidad y en eso siempre voy a estar con ustedes. Vamos a buscar la unidad de todo el pueblo paraguayo”, lanzó quizá haciendo referencia al caldeado ambiente político electoral.

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